Autor: Alvaro Abadia

 Cuando hablamos de una baja autoestima, hablamos de la imagen que tenemos de nosotros mismos y la valoración que hacemos de esa imagen. Su construcción es gradual a lo largo de nuestra vida, y depende de las experiencias que vamos viviendo, tanto positivas como negativas.

Del mismo modo, la autoestima está relacionada con la satisfacción o insatisfacción que sentimos respecto a nosotros mismos y nuestra vida. De nuestra autoestima dependerá nuestro bienestar o equilibrio psicológico, ya que de ella deriva que satisfagamos o no muchas necesidades básicas. Para poder construir una personalidad sana y estable, es necesario haber construido previamente una sana y firme autoconfianza. Solo a través del trabajo en nuestra autoestima, lograremos beneficiarnos de sentimientos de seguridad con nosotros mismos y con los demás.

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Las preocupaciones más habituales para las personas con ansiedad son el dinero, el trabajo, los hijos o la salud. Todo ello, en la mayoría de ocasiones, sin que en realidad haya una justificación real para el elevado nivel de estrés y preocupación que le provocan estos temas. Son personas a las que les cuesta relajarse, se asustan con facilidad y que tienen dificultades para concentrarse y para dormir. También es posible que se desarrollen síntomas físicos: dolor de cabeza, dificultad para tragar, náuseas, mareos, tensión muscular, irritabilidad, dolor de cabeza, acaloramiento, transpiración, tics nerviosos, temblores, necesidad de acudir al baño con frecuencia, etc.

Cuando los niveles de ansiedad que se dan son moderados, los pacientes con Trastorno de ansiedad generalizada, pueden relacionarse socialmente sin problemas y mantener sus puestos de trabajo. En los casos graves, este conjunto de síntomas pueden llegar a crear una incapacitación, puesto que es bastante habitual, que las personas con TAG desarrollen dependencia a alguna substancia como los ansiolíticos, o el alcohol, sobre todo cuando el trastorno por ansiedad es de larga duración. También es posible que los trastornos de ansiedad generalizada se asocien a otros tipos de trastornos, como la depresión o las crisis de pánico.

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La principal característica de la depresión es una tristeza intensa y continuada en el tiempo, además de la pérdida de interés por las cosas que nos rodean. Otra de las características que presenta la persona con depresión es unas ganas de llorar constantes en situaciones ante las que anteriormente no habría tenido esa reacción. También son habituales los sentimientos de culpa e inutilidad, el cansancio, el insomnio, dificultades de concentración, disminución de peso o la idea de muerte.

En cuanto a las causas, la depresión puede tener orígenes muy variados y diversos, tanto psicológicos, como sociales o físicos. A nivel fisiológico, lo que suele ocurrir son alteraciones en los niveles habituales de serotonina (un neurotransmisor cerebral). Haber vivido experiencias negativas o tener unos patrones de pensamiento alterados puede favorecer a desarrollar una depresión de origen psicológico. Por lo general, la mayoría de depresiones combinan las dos causas. Por eso, la terapia más aceptada y que está ofreciendo mejores resultados es la que combina tratamiento psicológico y uso de fármacos.

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